viernes, 23 de junio de 2017

Suspendido

En el cuaderno, S y E, vamos del Sur a la maldita Suave patria toda y hay un momento al cual me asomo hace rato sin atreverme bien a bien. Suspendido, puse a la viñeta, pues así está en mi imaginación ése que dura seis años. 
Leí bastántico sobre ellos y ni con mucho lo suficiente para saber algo.
Cubren de 1934 a 1940 y no los voy a nombrar porque, como con cualquier otra cosa, morirían, remitidos a lugares comunes que acumularon libros y rumores.
El mensaje a trasmitirles se los di en unas líneas, casi al principio, y hablo ahora y siempre, recordemos, para ustedes y nuestra Corte. Cuanto venga más, bienvenido, ¿cierto, Agustín, que representas al resto?
-Pues no sé, compadre.
-¿Y eso?
-No te hagas maje.
-Qué bonito hablamos, seguro dónde sea en estas tierras y en particular entre nosotros.
-¿Hay un nosotros, neta? Ya me dejaste pensando. 
-Yo digo.
-Muy decidor tú.
-¿Ves?
-¿Qué?
-Esa frase es onda don Alfredo.
-¿Y luego?
-Me estás haciendo manita de puerco, no te hagas, para que siga escupiendo lo que nomás calculo. 
-Usted échele.
-Deja pongo un mapa. 
Ya estufas. ¿Vicenteas dónde nació el Almirante, como también le llamamos? Hasta arriba a la izquierda, casi pegando con el mar, solo casi.  
Distinta historia en hartas materias, la de allí, comparada con la de los valles en que ustedes y yo crecimos, Agus y nietos.
-Tu abuelo y los demás han de estar entendiendo pura madre, compa.
Oh, que la chingada.
-Te lo digo en buen plan. 
Yo qué culpa si nacieron casa la verga.
-No sea irrespetuoso.
¡Ay!, ya estás como el Belarmo, a puro zape me traen.
-Entons aplíquese. 
Va un anexo, por si quieren profundizar en parte del tema:
Anexo: V. El cardenismo: ascenso social y coyuntura. Armando Bartra
Eso es para la época en mientes, jeje -conviértome en Siglo de Oro a veces-. Por ahora me refiero a los años 1970, cuando nos conocimos, carnal, y a don Alfredo y muchos y muchas más, miles.
Para entonces los campesinos y campesinas llevan treinta años transladándose a las ciudades, de una región a otra. Descubren y se descubren entre sí, ¿no, compadre?
-Así es.
Asamblea de países, resulta esto, pues país significa varias cosas, entre ellas nación, y ya vimos que tiempo atrás había muchas de esas en el México lindo y querido -por ahí pongan ese "rancherazo" musical- y siguen existiendo, no importa cuánto la Revolución conectará regiones. 
-Carnal, del choro estamos hasta el gorro: lo repites y repites.
¿Neta?
-Que el diablo te la someta.
Oh.
-Dale de nuevo, perdón, jeje.
No, ahí paro.
-No seas delicado.
No, es que tan, tan la cuestión. Mejor léanse otro anexo: FAT. El corrido de los tercos
Vuelta pa trás, pues. Chale, ¿cómo lo cuento?
-¿Qué?
Eso que no nombro. Miren, escribí lo siguiente:
En este trabajo debo seguir puntillosamente las palabras de Manuel Gamio: “Lo más importante es elegir en el mundo de lo historiable lo que nos conviene para determinado fin, e historiarlo sensatamente”[i].
-¿Y luego?
No me presiones, Agus, no me presiones, jeje. Díganle, E y S.
-Al tema, al tema.
Voy a ponerselos así: mi abuelo y familia llegan a fines de 1939 a Veracruz puerto. ¿Por qué?
-Los corrieron a madrazos de sus lugares.
Y les abrió las puertas el Tata, según lo conocen. Se rifa gachísimo solidariamente don Lázaro y aprovecha para algo más, diferentísimo a cuanto dicen esos culeros que iban en mi escuela del exilio: trae a miles de cuadros bien curtidos durante la lucha contra el fascismo y tras un sueño. 
Vieran el diario que escribían durante la travesía colectiva. Les dan conferencias sobre México y su proyecto. Lo hacen quienes se comprometen por un cambio profundo y dícenles: Ayúdennos a construirlo. ¿Sábelo el Tata? 
-¿Nos preguntas a nosotros?
A la historia.
-No mames.
Chale, déjame volar. Debemos responder Sí y no. Usease, don Lázaro los deja hacer. ¡Y ahí está el secreto!
-¿De qué?
Del régimen: dejar hacer a su ala izquierda, formada por organizaciones campesinas y obreras, intelectuales radicalizados... No controla; ni quiere ni puede. 
Más anexos: Tras la izquierda cardenista, ¿qué busco?
Con todo, esos años cargan a sus espaldas y refuerzan una práctica resumida como sigue: "El sistema tiene un efecto educativo; las masas aprenden que para resolver sus problemas, el mejor de todos los caminos es recurrir al intermediario o procurador oficial...(ii)". Hablamos de la posrevolución, que crea así un aparato coorporativo, duro o progresista, según el caso. 
-De eso sí sabemos harto, jeje? Bueno, nomás del duro.
Volvamos al Sur. En 1929 inicia la distribución en ejidos, con cerca de trece mil hectáreas. 
   

SIGUE


[i] Epígrafe empleado por Amando Bartra en Zapatismo con vista al Mar,

 



SIGUE 

jueves, 30 de marzo de 2017

Trozos

No sé qué recomendarles leer sobre la historia del país, si hay algo valioso. 
Viajé por el pasado, les dije, necesitándolo, y encontré así una forma de comer. Buscaba raíces, las tuve y coincidí con quien escribió, palabras más o menos, mi patria es de trozos y no coincide con el México total
“...no hay ni ha podido haber eso que llaman espíritu nacional, porque no hay nación”(1), escribía adolorido un hombre muy inteligente, reflejando la aguda conciencia de los pensadores y políticos contemporáneos, tras la invasión estadounidenses -1846-48, ¿recuerdan?
Cien años luego sus descendientes continuarán la creación de lo que conviene a ellos. En 1959 hubo una campaña más para alfabetizar sobre todo a esos campesinos traslados por millones a las ciudades, cuya presencia me formaría. Sus instructores eran dotados de un glosario de términos que se pensaría conocidos universalmente en los dos millones de kilómetros cuadrados.
Poco después las organizaciones populares confrontaban al régimen y construían una inédita relación entre ciudades, campos, regiones. Los historiadores escribirían estupidez y media sobre huelgas, tomas de tierras y predios urbanos, que yo vivía. Ni mención en sus trabajos de cómo las luchas integraban desde abajo al país pluriétnico y pluricultural negado institucionalmente.
No intento interpretar y tomo de aquí y allá al capricho.  "A Dios lo que es Dios y" a mí lo mío: hay historiadores académicos y quienes investigamos a nuestra manera urgidos de encontrar respuestas para la supervivencia y la transformación, les prevengo, S y E. 
-Por fortuna no tengo antecesores mexicanos -dije hace tiempo a un amigo. 
-Cómo -respondió sorprendido.
-Nací entre las clases medias y el mestizaje, que cargan complejos seculares. Los detesto.
En la primera mitad del siglo XX "nuestros" filósofos se debatían persiguiendo el alma mexicana. Descubrían cosas muy interesantes y fracasaban en su objetivo. 
Aquélla campaña alfabetizadora acompañó al primer libro de texto gratuito, cuya portada representaba todo un reto pues debía reflejar a la mexicanidad. 
-Simbolicémosla en una mujer patria -decidió el gobierno. 
-¿Con qué rasgos? Porque puede tener cien. Y de paso, ¿el lugar donde está, en el norte, el sur, esta costa o la otra? 
Sin duda jamás consideraron siquiera el Sur, geografía profunda del cual les hablo en Desde la azotea y que culmina ese cuaderno, nietos. Hoy lo exploro en persona, sin comprenderlo como debiera, y al perseguirlo en los libros quedo expuesto a visiones por fuerza arbitrarias. La academia se desentiende de él, objeto deleznable a sus ojos. 
(¿DEBE IR AQUÍ "DEBATE ENTRE AMIGOS"?) 
Así que sigo con trozos, pasando a la costa contraria de esa que andamos hasta ahora, cuando faltan unos años para que Estados Unidos invadan el país.   
Una flota suya se aposta amenazadoramente frente al gran puerto veracruzano. Mirándola desde un balcón José María B., durante las últimas dos décadas con altos cargos públicos, incluidos cinco ministerios de relaciones exteriores, conoce detalladamente los motivos. 
Aunque el hombre abandonó la vida política, escribe unas memorias sobre la historia del México independiente y permanece atento al desarrollo del problema. Absorto en reflexiones, no hace caso de los extranjeros que pasean las calles para dar con la noche un respiro a la opresión de la tórrida ciudad. Son ingleses, franceses, alemanes, en la riada que durante el siglo ha hecho costumbre asomarse al exotismo de los países más allá de la Europa centrooccidental, para estudiarlos, inventariar sus riquezas o procurarles aventura. 
Los viajeros comprueban que no llegan a siete mil los habitantes del puerto, debido, se afirma universalmente, al insalubre clima en el cual encontraron un hogar a modo las fiebres del Viejo Mundo. No discuten el abolengo de la plaza, que sin embargo varía de acuerdo a sus miradas. En las de unos las filas “de nobles edificios” de la plaza principal y las viviendas “por lo general extraordinariamente bien adaptadas” al trópico húmedo, entre rectas calles “bien pavimentadas” hacen un armonioso conjunto de “techos planos”, “toldos parcialmente teñidos de color” y un “despliegue de flores y mujeres en los balcones”, justo escenario para el célebre carácter de los porteños, desparpajado y musical. En contraste, según otros el lugar ofrece un “aspecto de melancolía y desolación”. 
Tras pasearse por allí en general los visitantes copian la ruta de Hernán Cortés, siguiendo el camino a la capital de la república. Transitan así por un corredor mestizo cuyas espaldas se vuelven al Veracruz grande, rural e indígena, deteniéndose machaconamente en Xalapa, joya regional –tan “trozo caído del cielo como Nápoles para los italianos”- y en lPerote con su triste vocación de punto de paso.
Alguno, sin embargo, explora el norte por caseríos totonacas semiextraviados entre vastas, ricas propiedades nacionales y extranjeras, hasta topar con Papantla, “la aldea india [que] apenas si tiene un habitante blanco, de exceptuar al cura y unos cuantos comerciantes”, sin decidirse a avanzar las dos leguas por las cuales se sube a la Huasteca. Si se atreviera hallaría una población indígena relativamente vasta, de lengua perteneciente al tronco maya y por ello rodeada de cierto misterio.
Un segundo viajero penetra el centro del estado hacia el Pico de Orizaba, yendo un asentamiento tras otro de pueblos originarios, y certifica la variedad de costumbres y hablas. Y muy arriba, donde la presencia humana debiera agotarse casi por entero, halla un poblado, San Juan, sólo un poco menos denso que él magno puerto veracruzano. 
Un tercero busca hacia el sur por encima de las costas mulatas, viendo caseríos dispersos, una buena cantidad de ellos popolucas o tenidos por tal, y otros de orígenes étnicos diversos que volvieron suyo el nahuatl, la lengua del imperio mexica cuyo avance propició la Colonia. 
En buena cantidad de casos los modernos exploradores no pueden hacerse entender en absoluto, por mucho que dominen el castellano, y en los demás conversan con la pequeña porción de hombres, y sólo excepcionalmente mujeres, que conocen de aquél sólo lo indispensable para el trato comercial con el exterior en moneda, cuando lo hay, y para la defensa de los títulos en los cuales las autoridades novohispanas reconocieron su derecho a tierras, aguas y bosques. 
Y es que a trescientos años de la conquista material y espiritual, de los cerca de 475 mil habitantes registrados en la entidad unos 375 mil se clasifican como indios. El promedio “nacional” de indígenas es menor, sesenta por ciento, y según todo indica más de la mitad de él no entiende el español y tal vez otro veinticinco o treinta por ciento experimenta el dispar, complejo proceso de decidir cuánto toman de este idioma oficial de la república para las esferas de la vida pública, reservando las privadas, las religiosas y de la administración tradicional a una de su centenar y medio de lenguas y dialectos.
A los tres paseantes aquéllos que no se conforman con el camino trillado, les lleva quince, veinte o más días recorrer treinta o cuarenta kilómetros a lomo de animal y a pie. Por el contrario, quienes cubren en diligencia los trescientos del puerto a la ciudad de México, a buen paso gastan una semana, a pesar de las escabrosas serranías entremedio.
La tierra se allana de la capital hacia el norte y de seguir al Bajío estarían allí en un santiamén, digamos. Si lo hicieran rumbo a Texas tardarían unos cuarenta días, y rumbo a Oaxaca sus ojos los engañarían tanto o más que en Veracruz, pues el camino corre apartado de las estribaciones y huecos serranos a los cuales se remontaron sus comunidades tras la Conquista.
Así de desiguales son las comunicaciones en un país donde las carreteras propiamente dichas no rebasan una docena y siete millones de habitantes se extravían entre cuatro millones de kilómetros cuadrados muy disparejamente ocupados también, si la mitad concentra el noventa por ciento de sus pobladores. 
A los grandes propietarios yucatecos la histórica lejanía física y de costumbres a la capital del país, les hace desear convertirse en una república aparte, como en este diciembre en que inician dos años de intentonas separatistas, y a los chiapanecos les convendría mejor ir comprar a Filipinas que a la ciudad de México. ¿Cuánto saben sobre el problema con Texas y los Estados Unidos no ya los mestizos de sus centros urbanos, sino los mayas de ambos estados? ¿Y los popolucas, huastecos, totonacas, nahuas, veracruzanos, o los mixes, triquis, huaves, mixtecos y demás, oxaqueños? ¿Escucharon siquiera nombrar a Nuevo México o California? 
Nada de ello registrará en sus memorias José María B., pues lo da por entendido así no lo comprenda, y porque su única preocupación es el azaroso, arduo proceso político en que una república improvisada trata de salir adelante.
¿Cuál Suave o agria Patria, pues, entonces y ochenta años luego, cuando se escriba el poema?

La de hermosas contradicciones
El surgimiento de la figura Guadalupana se convierte en el “modelo más generalizado” de una tradición de apariciones en las cuales los pueblos “depositarán sus anhelos de identidad, autoafirmación y justicia”, afirma un historiador. 
Ella inaugura una serie de expresiones de la Virgen, que sustenta la decisión de las comunidades a exigir un lugar en el mundo. Entre 1709 y 1712, por ejemplo, se prodigan en los mismos Altos de Chiapas desde los cuales a fines del siglo XX hablarán “los que no tienen voz”. La que en Zinacantán despide rayos luminosos dentro de un palo, la Santa Marta que aparece en una milpa en Chenlho, la que se muestra a María de la Candelaria en Cancuc, ordenan construir santuarios y obran milagros (tallas que sudan, lloran o se iluminan), “para ayudar a los indios”, protegiéndolos con la confabulación de fuerzas sobrenaturales (terremotos, cielos y ríos que se precipitan), a fin de que se sacudan los tributos, al Rey, al clero, a los españoles todos y a Dios mismo si es preciso, y creen una nueva Iglesia y un nuevo reino.
Desatendida “la de hermosas contradicciones adornada”, que diría Sor Juana; desatando la violencia de obispos y magistrados, el supra y el inframundo del cual para los indígenas la Virgen es ama, se agitan y a lo largo del siglo hacen erupción en Yucatán, en las estribaciones del Popocatepetl, en los pueblos de Tulancingo, hinchando el alma de los escogidos (un anciano, un joven labrador, un pastor), dotándolos de habilidades para destruir murallas o balas de cañón y ungiéndolos como reyes o mesías, a fin de que encabecen movimientos para revertir el cataclismo y el pasado vuelva.
Estos movimientos legan al de Hidalgo sus hombres y mujeres, sus secretos y su gran símbolo: esa Virgen morena que encabeza a los sublevados en 1810.
Si volvemos ahora al Sur unos años antes de que Vicente Guerrero nos guíe, es fácil imaginar a las comunidades indígenas insurreccionándose con el grito del cura, para regresar casi enseguida dejando la escena a Morelos y los suyos, que no son ellas, conforme asegura A y no P y otros amigos, ya vimos.
Hice una pequeña trampa, nietos, a fin de acercarnos a las rebeliones mesiánicas aquéllas en Zinacantán, Chenlho, Cancuc, donde para 1994 toman las armas esos que no tienen voz.
No cuento la historia mexicana. Se trata de algo distinto: nuestra Red de agujeros
-¿Verdad, Felícitas? -pregunto al entrañable personaje que en Desde la azotea me abrió los ojos.
También lo hizo mi compadre Agustín, quien nos acompaña aquí.




           
        


lunes, 20 de febrero de 2017

Un debate entre amigos

Parches y más parches, para
seguir el inicio del cuaderno.
Así es esto. Luego se saca la
goma y ya estuvo.
El cielo se cayó a pedazos, dicen quienes lo atestiguaron, ya vimos. Hoy lo parten de nuevo.
Tras una multiplicación simplista y sin posibilidad de comprobarlo, veinticinco o treinta millones de mujeres y hombres se perdieron en el siglo del cual vienen aquellas palabras, y así parecen poco los quinientos mil asesinatos y desapariciones desde que ustedes nacieron, S y E.
Entre unos y otros la Suave patria es un proceso tardío y si conozco sus orígenes cerca de donde los diecisiete campesinos cayeron, debemos hacer un más o menos corto, arduo camino hacia el norte, a la cola de un pequeño ejército informal que lleva diez años batiéndose contra los malditos y no sabemo con certeza cuánto merece nuestro respeto.
Quizá no hay casualidades, pues la reunión es en el casco de Iguala, cuyas calles contempla enfebrecido el personaje que en Desde la azotea mis delirios confunden con un segundo de casi cuatro décadas atrás, demonio personal.
La población llevará luego un apellido tan ventajoso como el de la anterior: De los libres. Usemos un mapa para orientarnos.

Prometo cambiar el mapa
El punto sobre la Costa Grande donde la masacre está cerca de Ayotla, ¿observan?, e Iguala se sitúa hacia el noroeste. Ahora la fecha es febrero de 1818 y vamos al norte cercano ateniédose al mapa y no tanto la realidad por esa accidentada geografía. Taxco se llama la rica, también pequeña ciudad sobre el escalón rumbo al gran altiplano. 
Doscientos hombres organizados en guerrillas fortifican un cerro que domina el lugar. Entre ellos no hay indígenas y tampoco descendientes de los esclavos que llegaron del África negra y tienden a concentrarse en la Costa Chica, al oriente, donde el litoral se endereza, por decirlo así. Es decir, faltan quienes constituyen la absoluta mayoría de la población. 
De niño recorrí muchas veces la única carretera ancha que tiene Guerrero, este estado donde andamos. Se bajaba casi a plomo, serpenteando, y luego todo era curva tras curva, siempre hacia abajo, atravesando las cuatro mayores ciudades y solo ocasionalmente un pueblo.
Luego los amigos andaban aquí y allá entre el campesinado, y en su relato había un dibujo de montañas interminables. Desde el avión ustedes pueden ver hoy esa panorama serrano cortado mil veces por quebraduras. 

No es una entidad cuando seguimos a quien le dio nombre, Vicente, ya saben. Puedo rehacer sus ires y venires porque para un libro estudié las campañas militares que da en 1818, al declarársele el líder mayor del movimiento insurgente cuya agonía parece segura.
Afirmé que no acompañan a Guerrero indígenas ni descendientes de la negritud y de pronto no estoy seguro. ¿Porque quién era el hombre a quien más echa en falta nuestro caudillo? Juan del Carmen, “un negro corpulento,
de gran fuerza y agilidad, arrojado en el combate y diestro en el manejo de la espada, a pie y a caballo”, al que los realistas “tenían pavor”. Por lo demás, Vicente sabe que hay condiciones para reeditar los momentos de gloria en los cuales se inicio con Morelos. De la nada organizó entonces el levantamiento de las comunidades
indígenas en el distrito de Tixtla, su tierra natal, para reconquistar la intendencia de Oaxaca.
Aunque en verdad todos los jefes guerrilleros que lo confirman como jefe son mestizos: Montes de Oca, Ocampo, Mongoy, Álvarez, Pablo Galeana, Bermúdez, Calvo, Anzures, De la Rosa, Velázquez, Frías, Tavera... ¿Qué representan?, ¿a la pequeña burguesía con y sin pretensiones?
El Juan Álvarez a quien citamos, nietos, se sumará pronto y su futuro me lo hace desconfiable, no importa cuánto la Suave patria lo loe. Apostaría que ya en estos tiempos tiene aspiraciones de ser una figura con poder político y económico, y sus futuros compañeros dejan mucho que desear. Uno de ellos, Faustino Villalba, quizá presente en el grupo de Guerrero, será cacique sin remilgos por estas tierras donde los insurgentes se preparan.
Algo no puede discutirse. Los poblados ampararán la lucha, sobre todo cuando ésta enseguida baje el gran río hasta muy cerca, justo, de Atoyac, y regrese triunfante al centro, donde los virreinales castigarán con dureza a las comunidades indígenas. ¿Se sienten entre dos fuegos y apuestan por el único que les promete defender sus parcelas y montes y sus derechos ya históricos? 
No tengo sino amigos de izquierda. Se dividen en posiciones sobre la época. A. dibuja así a las tropas insurgentes: "africanos, naturales y mestizos que a una orden del patriótico amo transitan de la condición de mano de obra a la de carne de cañón. Los negros y pintos de Galeana acompañan a Tata Gildo a la batalla como antes lo seguían a la pizca y a la zafra. Los ejércitos insurgentes reclutados en esta región no son, pues, voluntarios sino forzados; acasillados que pelean en guerra ajena como de ordinario trabajan por cuenta del patrón en tierras que no les pertenecen."(2) 
¿A su favor hablan las continuas revueltas comunitarias que estallarán en unos años, en especial hacia La Montaña, al extremo oriente, hogar nativo de los me’e phaa? ¿Cuánto participan éstos en las acciones que nos traen a 1818? ¿Y cuánto los naa savi, pobladores también de esa área y de otras dentro y fuera en el mapa, con sus muchas variedades dialectales, y los nahuas repartidos aquí y allá, y los amuzgos, dominantes en el sureste, y la negritud, concentrada en la Costa Chica?
Otros amigos lo contradicen: quienes andan con Morelos y Guerrero van por convicción, siguiendo al líder que encarna sus demandas. Si pudiéramos preguntarles a los actores. Hay manera, hablando con sus herederos de hoy, que conocen el pasado a través de la memoria oral, aseguran mujeres muy entendidas.  
Mi libro es un himno a don Vicente. Continuo celebrándolo como el incansable combatiente de lo peor en la Colonia y de los intereses mundiales más oscuros. ¿Sin conciencia prepara el camino a un México siniestro, vivo a comienzos del tercer milenio? Seguro. Aun así entonces, ahora, pues, apuesto que participaría en las acciones contra la noche de Iguala. Álvarez y compañía habrían evolucionado para dirigir o validar Aguas Blancas y la muerte y desaparición de normalistas.        








 y otros, a quienes pronto se unirá
Pedro Ascencio, que además del español habla náhuatl,
otomí y mazahua y participó en la casi mitológica batalla
del Monte de las Cruces.



, pues para llegar allí debe remontarse una cresta serrana: Taxco, rica, también pequeña ciudad sobre el escalón rumbo al gran altiplano. 
Doscientos hombres organizados en guerrillas fortifican un cerro que domina el lugar. Llevan una década en armas y entre ellos no hay indígenas y tampoco descendientes de los esclavos que llegaron del África negra y tienden a concentrarse en la Costa Chica, al oriente, donde el litoral se endereza, por decirlo así.
Dirige las acciones un hombre a quien respeto, que ustedes conocen por los libros escolares: Vicente Guerrero. Del respeto al culto hay un abismo. Sobre todo cuando se escarba un poco en sus iguales.  
Todos tienen razón y se equivocan, digo humildemente, sin pretensiones de verdad. 


De niño recorrí muchas veces la única carretera ancha que tiene Guerrero, este estado donde andamos. Se bajaba casi a plomo, serpenteando, y luego todo era curva tras curva, siempre hacia abajo, atravesando las cuatro mayores ciudades y solo ocasionalmente un pueblo.
Luego los amigos andaban aquí y allá, entre el campesinado, y en su relato había un dibujo de montañas interminables. Desde el avión ustedes pueden ver hoy esa panorama serrano cortado mil veces por quebraduras.

No es una entidad cuando hoy seguimos a quien le dio nombre, de nombre Vicente, ya saben. Puedo rehacer sus ires y venires porque para un libro estudié las campañas militares que da en 1818, al declarársele el líder mayor del movimiento insurgente cuya agonía parece segura.          
  
Hay cincuenta y ocho poblaciones con más de cinco mil almas






A cien años de la Conquista se hace un censo en Nueva España. Quedan registradas un millón y cuarto de personas, el noventa por ciento en el centro y sur del México actual. Entre setenta y cinco y ochenta por ciento son indígenas, conforme a su lengua y su lugar social, que incluye el derecho a tierras que en colectivo les otorgó la Corona española para resarcirla de pérdidas y garantizar su supervivencia.
Para algunos investigadores cuyos cálculos no pueden comprobarse bien a bien, se demuestra así que perdimos al noventa por ciento de la población originaria. Otros, con obvio abuso lo negarán: aquí había apenas dos o tres millones de almas.
En adelante cuanto más lejos se esté del centro colonial o “nacional”, las comunidades conservarán mejor lenguas y costumbres necesariamente transformadas, empezando por las propias dotaciones, cuyas reglas y ubicación determinó el virreinato, y sin exceptuar cosmovisiones que debieron reinventarse tras “la caída del cielo a pedazos”. Nos asomaremos a este último proceso, nietos, siempre guiados por especialistas en mayor o menor medida sospechosos, pues la historiografía interpreta por naturaleza.
Todos nuestros amigos pertenecen a la izquierda, E y S, y sobre estos temas forman dos grupos irreconciliables, que inicia con la guerra ¿y revolución? independentista.
Nosotros estamos ahora en la época, ¿verdad?, siguiendo a Vicente Guerrero cuando lo designan máximo líder insurgente. Estudié el momento y no puedo dilucidar qué amigos atinan. Unos lo ven como heredero de Morelos y así un caudillo popular. A otros les parece que ambos pertenecen a la pequeña burguesía irrumpiendo en escena con peones a quienes llevan al combate como a sus jornadas agrícolas.
Los pueblos, dice A, se levantaron con el grito de Dolores y pronto fueron derrotados. Lo hicieron con demandas y dirigencias propias. Luego olvidarían la cuestión, tomados entre dos fuerzas.
Parece seguro que en su conjunto colaboraban con los independentistas, no importa las razones. ¿Cuánto? Don Vicente se mueve por zonas que el poder golpea duramente en su larga persecución de los alzados. Jamás será traicionado, como no lo fue Morelos. 
El personaje que más nos interesa, Juan Álvarez, sirve a ambos y terminará convirtiéndose en el mayor cacique regional y fundador de un linaje social que llega hasta hoy.              
SIGUE   

sábado, 24 de diciembre de 2016

Atrás y adelante

Hago el quinto libro desde que empecé nuestros cuadernos, nietos. Sirve a éstos, como los anteriores, en su esencia ilustrada anecdóticamente. Nada se nombra cuando cuaderneamos y todo tiene nombre al librerear. La historia investigativa nos tiene sin cuidado, con sus "verdades científicas", en especial si tratamos de la Red de agujeros
Discursos van y vienen a mi alrededor, pretendiendo crear un pasado que acomode a la izquierda: civilista, instructivo, impoluto hasta el Ya no mames, porque cultivan la Suave patria, horror de horrores. 
Ahora busco a la "izquierda cardenista" y doy con unas frases más o menos decentes:
Adolfo Guilly es quizá quien desde la izquierda estudió mejor el cardenismo, con un sesgo: encontrar qué daba vida a las corrientes que en 1988 se escindieron del PRI formando el Frente Nacional Democrático.  Lo sigo en cuanto conviene a mi propósito y Armando Bartra me sirve de guía por su visión campesinista, que desde 1810 busca al pueblo como gran sujeto histórico. Si él rescata esos años entre 1934 y 1940, pienso, valida mi hipótesis, al menos parcialmente y en principio.
En secreto tal vez sé que pido de más, y no importa. Me daré por satisfecho encontrando siquiera atisbos, para animar a otros a seguirlos hacia arriba o abajo, pues nada importa tanto como la pervivencia de la utopía mayor y el posible aire que recibió entonces para continuar después.      

jueves, 21 de julio de 2016

Milpa

TODO INICIA EN Desde la azotea I
.
Así, Milpa, llama en el siglo XXI a la nueva utopía nuestra y quizá universal, un estudioso comprometido que hemos encontrado antes, nietos. En torno al maíz, dice, el campesinado indígena o con píes indígenas de estas tierras crea un microuniverso donde caben hasta doscientas plantas diversas. Su razonamiento es sabio, lo describe con mucho detalle a través de las parcelas así cultivadas, proponiendo el modelo como inmejorable guía para una nueva sociedad. Así nuestra Red de agujeros se confirma como herencia acumulada en sus cinco siglos, que adquiere sentido al volverse posible futuro. 
Este cuaderno intenta ceñirse cuanto puede a una región. La conoce bien el estudioso y en ella dio un primer gran salto lo que hoy nos anima. Fue justo tres años atrás.  
SIGUE    

lunes, 29 de febrero de 2016

Desnudándonos

Jesús es otro amigo que investiga la historia. Como el resto de ellos habla a nombre del cambio social. En su mayoría se esfuerzan en demostrar que los caudillos insurgentes eran pueblo o respondían al pueblo. Jesús no y así valida a Armando.
Mis observaciones son también de paso, aunque estuve varios años hurgando. Sólo puedo afirmar que después los insurrectos vivos se volvieron una casta con propiedades, clientelas, armas. Sobre un momento culminante tres décadas luego, iniciado en la región donde andamos, escribí:
Florencio Villarreal fue oficial realista y llegó a la Costa Chica invitado por Nicolás Bravo, sobrino y colaborador de los tres hermanos lugartenientes de Morelos que sirvieron como Dios manda. Hoy Nicolás apuesta todo a los conservadores. El mismo camino ha hecho Tomás Moreno.
Sus tendencias políticas cambian, pues, según las circunstancias. Sólo Juan Álvarez se mantiene liberal, diciéndose heredero de Guerrero sin serlo bien a bien, creo, por convicción al parecer y por algo más: así ocupa un inmejorable espacio para que el bajo pueblo lo vea ratos como protector.
Ahora atrae a Villarreal, quien asola a las comunidades, y juntos lanzan una revuelta célebre en nuestra glorificada historia nacional. El último involucrado en ella no es un cacique como los demás. Se llama Ignacio Comonfort y ganó fama reprimiendo a la rebelión indígena más terca en estos lados.

viernes, 29 de enero de 2016

El pueblo y la Suave

Jueves 19 de septiembre de 1985, 7:19 am.
"Yo vivía en la calle de Soto 327 y estaba dormido cuando sentí el sismo. Me levanté, un librero se me cayó encima, lo detuve, salí y me encuentro con otro compañero y decimos No, pues está fuerte. Oímos algunos ruidos. Creo que fue parte de alguna celosía y unas no sé qué cosas del Congreso del Trabajo, que estaba cerca y se alcanzaba a escuchar.
"Después entraron algunos fonazos, pero pocos porque el teléfono dejó de funcionar.
"Lo que hice fue vestirme y salir corriendo al local de vecinos de la colonia Guerrero, que está ubicado en Sol 168, entre Héroes y Guerrero. Ya había algunas gentes. Al frente del salón teníamos un pizarrón, donde estaban apuntando. Teníamos el acuerdo previo de que en una emergencia, los primeros compañeros que llegaban eran los que tomaban la dirección del momento. Había que actuar y entonces no discutíamos en ese momento las decisiones."(x)
A quien habla lo entrevisto en el local donde se reúne un comité de la colonia, treinta años después. Trabajamos colectivamente y yo no haré más que coordinar, sin interpretación alguna. Al mismo tiempo estudiantes y trabajadores y trabajadoras del Instituto Politécnico Nacional escriben sobre su lucha en 2014, todavía viva, y Kiko, Toby y demás dan forma a un libro sobre los ecatepunks durante la década de 1980. 
Pronto se agregarán otros, mientras Ivan, Gustavo y Mario preparan la larga serie de charlas que nos asomarán a movimientos campesinos, obreros, urbano populares en el siglo XX y hoy, y quizás Redes Universitarias harán otro con los estudiantiles. 
Con el Frente Auténtico del Trabajo publiqué un libro conmemorando sus primeros cincuenta años. La presunción allí era que el pueblo organizado hiló desde 1958-59 una trama nacional distinta a nuestra Suave. 
¿Hay esa premisa en cuanto impulsamos ahora?